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Turquía. Estambul I

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Este año de vacaciones de verano he estado con mi familia en Turquía. Os presento a mi familia, mi marido se llama Pablo, y mis hijos Paula de 12 años y Álvaro de 8.

Hemos repartido el viaje en tres zonas. Primera parada Estambul, después la costa Licia, al sur del país, con base en Kas, y por último Kusadasi, en el mar Egeo, muy cerquita de Éfeso.

Turquía es un país fascinante, Estambul una ciudad inmensa, que emana vida por todos sus rincones. Ciudad de contrastes en lo que lo antiguo y lo moderno están presente. Un auténtico bazar en casi cada una de sus calles.

Con una situación privilegiada, la historia de Estambul es antiquísima. Los griegos crearon una pequeña ciudad que llamaron  Bizancio, fue creciendo y haciéndose cada vez más grande. Macedonios, persas y romanos pasaron por Bizancio. Los romanos la poseyeron durante bastante tiempo, y en siglo IV d.C. pasó a ser la capital del Imperio, arrebatándosela a la propia Roma. El artífice de este hecho fue el emperador Constantino, que pasó a bautizar la ciudad como Constantinopla. Mientras en occidente el Imperio Romano se iba desplomando, Constantinopla seguía en auge, tanto es así, que el máximo explendor que vivió la ciudad fue en la época del emperador Justiniano (527-565). A él le debemos Santa Sofía.

En 1453 Constantinopla cayó en manos de los otomanos y nada volvería a ser igual. Mehmet II se hizo con la ciudad. A partir de este momento la ciudad paso a llamarse Estambul. Fue un duro golpe para Europa. En Santa Sofía ya no se rezarían más misas, pero sí se rezaba a Alá. La ciudad seguía con su prosperidad. Los musulmanes introdujeron su cultura y sus refinados modales. Estambul era una ciudad muy tolerante, mientras en Europa se expulsaba a árabes y judíos, aquí convivían las tres culturas.

Con Soliman I el Imperio Otomano se extendió abarcando un gran territorio. En esta época tuvo lugar la batalla de Lepanto, en la que los españoles salieron a frenar la expansión de los otomanos.

Aunque el Imperio Otomano siguió siendo muy rico, y si perdía territorios tampoco importaba mucho. En el siglo XIX, Estambul iba pareja a las vanguardias políticas del mundo occidental, también tuvieron sus incipientes constituciones y sistemas parlamentarios, que comenzaron a debilitar el poder del Sultán. La Primera Guerra Mundial no le fue nada propicia a Turquía. En la posguerra el imperio se desintegró y se formó una república.

Luego vendría  Mustafá Kemal Pasa: Atartürk, cuyo rostro está por todas partes, billetes, pósters , bustos…

Trasladó la capital a Ankara, y modernizó el país occidentalizándolo.

Tras esta brevísima historia de Estambul prosigo con el relato del viaje. El primer día visitamos Santa Sofía.  Basílica bizantina, reconvertida en mezquita. Declarada museo desde 1935. Tomada como modelo para realizar las posteriores mezquitas. El interior dista mucho del explendor que tuvo en época de Justinano, pero aún se pueden apreciar algunos mosaicos en la segunda planta. Me gustó uno en particular, Jesús está en el medio de la Virgen María y San Juan Bautista. Ambos con rostros melancólicos y apesumbrados. Pero el rostro de ella es de una belleza exquisita y delicada, que transmite sentimientos de gran pesar.

 

Imágen perteneciente a Pablo Andrés Rodríguez. Derechos reservados

imagen perteneciente a Pablo Andrés Rodríguez. Derechos reservados

Después de  la visita a Santa Sofía, se hizo la hora de comer. El precio medio por el que comimos en Estambul ronda las 90 Liras turcas, unos 33 euros, para cuatro personas. Aunque siempre intentamos ir a restaurantes económicos, y un tanto alejados de los lugares turísticos.

En el Cuerno de Oro hay calles enteras de restaurantes, con un camarero políglota que te invita a que te quedes en su local. Nosotros comimos un dorüm, en un Kebab cerca de Santa Sofía, bajando una cuesta, a la izquierda. Y para terminar un helado en el establecimiento contiguo. Fue todo un espectáculo, el helado turco es denso, sacan una gran masa de producto y ¡no se cae! Además creo que fuimos a dar con el heladero más gracioso de toda Turquía, nos realizó un show tremendo, con un juego de conos de barquillo, que parecía que te daba el helado pero no, nos manchaba la cara con el helado, tocaba la campana que tienen encima del mostrador… todo al grito de ICE CREAM. Fue un rato muy agradable y los niños se rieron muchísimo.

Después nos dirigimos al Museo Arqueológico, que queda muy cerca. Tiene una bonita terraza con trozos de columnas, capitales, basas…, así que nos relajamos tomando unos refrescos.

El Museo está dividido en varios edificios. En el Museo Arqueológico se pueden encontrar algunas obras interesantes, como la escultura del Sátiro Marsias, al que Apolo despellejó por desafiarle a tocar la flauta. Un busto de Alejandro Magno o el de la poetisa Safo, entre otras esculturas.

En la primera planta se pueden observar las obras relativas a la evolución de  Estambul a través de los siglos, el segundo piso se debe a las edades de Anatolia y Troya y en la planta superior se exhiben piezas procedentes de los alrededores de Anatolia; Siria, Palestina y Chipre.

El Museo tiene cierto aire decadente, las zonas de paso están enmoquetadas de verde y el estilo del mobiliario te transporta a los años setenta.

En el edificio contiguo se puede disfrutar de una interesante colección de sarcófagos, de varios tamaños, con altos relieves de calidad. También se conservan frisos de un par de templos.

En el Museo de Oriente Antiguo, dentro del mismo complejo, esculturas hititas y mesopotánicas, algunos relieves de la puerta de Isthar, códigos y estelas…Pero una cosa de las que más me llamó la atención fue una muestra de una biblioteca mesopotámica, se veía las tablillas introducidas en la pared, parecían ladrillos. Se observar una herramienta para escribir en las tablillas y un pequeño horno que utilizarían para realizarlas. Interesante.

Tras la visita al Museo, paseíto por el parque y descanso tirados en el césped. A los estambulitas les encanta disfrutar de los parques y del césped con toda la familia.

Para volver a casa cogimos un taxi. Hay que tener un poco de cuidado con los taxistas. Nosotros estamos alojados relativamente cerca del centro, y el primer taxi que nos montamos nos dijo que 50 TL, en un trayecto que como mucho costaba 20 TL. Nos bajamos.

Otros te cobran  lo que marca el taxímetro, pero te dan vueltas y vueltas. El tráfico es horrible. He de decir a su favor, que para ir y venir del aeropuerto, fueron super profesionales y muy correctos. Tal vez pueda ser más problemático cuando los pillas en la parte histórica de la ciudad.

Tras un día intenso y lleno de emociones, nos fuimos a dormir. Mañana más.

 

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1 comentario

  1. Una mezcla de culturas más que recomendable, ya lo creo! El mosaico de Santa Sofía asombroso. Mil gracias por los consejos gastronómicos y sobre el transporte. Sin duda tu familia ha disfrutado de una guía turística insuperable!!

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